Caminando entre los viñedos
en este humilde campo plantado
veo un horizonte cercano
que se topan con las vías de los trenes.
Lejos de la ciudad y del mar
cerca del corazón del aire campal
donde encontramos la tranquilidad
en un momento de labor fatal.
Al rayo del sol que choca con la cabeza
sin protección están los hombres fumigando
las uvas de los párrales vecinales
que le dan una garantía al imperio del mañana.
Atrevidas las personas que no callan
cuando la cosecha empieza a crecer
no buscan ayuda solo piden humildad
para trabajar en paz y sin enfermedad.
Las protecciones por el insecticida son bocales
entre las manos sin guantes que rozan las uvas
y luego son llevadas cerca del cuerpo
probándose una vez más que el veneno es la protección.
Trabajadores de todas las edades
cuando me acerco a ellos me siento inferior
porque algunos son solamente niños
que crecen de golpe por no tener padres criadores.
Esta mañana pude volver a ver
el negocio de los serviciales
tal vez les de un poco más a ellos
porque son los verdaderos trabajadores.
Gorriones que revolotean todo el sitio
buscando algún alimento para llevar
al nido donde lo construyen entre el viñedo
que luego son maltratados por el hombre mismo.
Por suerte son pocos días de este labor
ya se viene la cosecha y se vendrá una vendimia
saldrá de un par de uvas unos litros de vinos
para venderlos al por mayor sin devolverles el favor ...
Santiago ...

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